y ve lo que sucede…
22 Mar
Tras tres meses y medio de intenso descanso, de no hacer absolutamente nada -académicamente hablando-. Llegó la hora de decir adiós a todos esos días de levantadas tarde, de almuerzos tardíos, de refrescantes sesiones de piscinmoonlighta -que no fue mi caso, pues la use como tres veces-, de acostadas tardes por estar chateando. Para dar la bienvenida a las madrugadas, los libros y cuadernos. Volver a ver a los viejos compañeros y amigos. Y también a los queridos profesores, que llenaran nuestras cabezas durante todo el año, con información que quizás en el futuro ni recordemos que supimos.Pero no solo a eso le damos la bienvenida, sino que también a los agradables viajes en metro. Esos donde tu integridad física se pone en riesgo a cada instante. Y no sabes si al final de tu viaje llegarás integro a tu destino. Donde el sólo echo de tratar de entrar al tren, ya es un desafío.Pues bien así han sido estos primeros días en la vuelta a clases. Al tercer curso de tu preciada carrera. Volver a ver las caras de las personas con las que ya has compartido dos años, es muy agradable. Poder reírte de tonteras sin sentido. O sólo pasar un rato agradable entre clase y clase. Claro la semana ha sido más corta pues se coló Semana Santa. Y la próxima será parecida, considernado ese viajecito a la playa que organiza la FEUAH -¿qué chisme nuevo traerá ese viaje?-. Después de tres meses y pico de no correr por llegar a tiempo o salir vivo del metro, aquí estamos otra vez. En lo que será el año más duro. Dicen que es aquí “donde se ven los gallos” y es cierto, ya en la primera semana tuve que correr por conseguir un libro, para luego entrevistar a los autores, o de sólo ver el programa de cada ramo, sabes que ya no es tan simple la cosa. Ahora “empieza lo bueno”.
Bueno es lógico, no podía seguir siendo vacaciones. Que por cierto ya se estaban volviendo latosas. Por último volver a clases trae nuevas experiencia y desafíos. Salir de casa -aunque sea a las 7.30 de la mañana-, para llegar con alguna historia ya sea entretenida o de desdicha, como la que conté el martes -casi me quiebran el brazo en el metro- ya lo hace entretenido.
Pero no todo es malo, no por nada es agradable poder pasear de la mano con tu pololo después de un día de largo trabajo académico. O simplemente viajar con él de vuelta a casa para que el paso por el metro no se tan tortuoso. Y también que te acompañe a perseguir el dichoso libro que tienes que leer y necesitas con urgencia. De verdad, no se que haría sin su compañía.
Finalmente, bienvenida vida universitaria 3.0