y ve lo que sucede…
24 Feb
Es difícil no sensibilizarse frente a la tragedia vivida por el Ministro Velasco y la periodista Consuelo Saavedra. Y pensaba en los niños que me rodean. Esos niños, algunas veces mega mañosos, pero que al final
son un encanto. Son tan chiquititos ante el mundo de “gigantes” que los rodeas, pero son tan grandes de espíritu y pureza que ni ellos mismo saben el “poder” que tienen frente al mundo.
Hoy miraba a mi sobrina de casi 9 meses, que sin poder hablar y sólo con el poder de su mirada inocente logró que las lágrimas de mi mamá disminuyeran. Un niño, puede ser el refugio más grande. Porque al no ser vulnerados con los intereses mundanos, ni verse sumergidos en la burocracia del mundo, ni tener que controlar las emociones. Pueden alegrar la vida.
Más de alguna vez, me he refugiado en ellos. En mis primos más chicos, en mis sobrinos. Cuando he sentido pena o he creído que el mundo es una soberna porquería, ellos con sus sonrisas, sus cariños, con sus pequeños abrazos me han hecho ver que quizás todos esos males que aquejaban mi alma, no son nada. Que sólo son una astilla en el dedo que se saca con facilidad.
La verdad, ellos muchos veces me han “salvado” de llorar sin detenerme. De gritar hasta quedar sin voz. Porque con sus balbuceos, creo que me tratan de decir “tranquila”. Adoro a mis pequeños ángelitos.
Para ustedes mis niños -aunque no lo leerán por ser tan pequeñitos-, Basti, Nico, Mauri, Maxi, Mili y Antito.
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